Skip to main content Skip to docs navigation

Apoyo mutuo energético

La unión es la fuerza

Pre-Historia

hogar comunitario

Con arraigo más o menos perdido en la noche de los tiempos puede intuirse una natural tendencia en compartir esfuerzos y recursos energéticos dentro de un ámbito comunitario.

Hogueras de biomasa recolectada irradiaron la luz y el calor tribal para alumbrar la evolución social.

Fuente imagen

Precursoras

Más próximos resultan ejemplos de colaboración, en el origen de términos como Ayuntamiento -> "Ajuntamiento", o acción y efecto de reunirse; agrupación para cooperar en muchos casos por motivos relacionados con la energía y aplicación de la fuerza -potencia- obtenida, en tareas como la molienda de cereales para obtención de harinas, la obtención de fluido eléctrico para iluminación pública...

De hecho, proliferaron y en distinto grado perviven las propiedades municipales sobre bosques que proveen de leña, molinos de agua para alimentar de energía a herrerías, aserraderos.

Es más, el recurso energético en muchos casos fue el aglutinante para la formación de poblaciones en torno o próximas a sus fuentes.

Molino de agua

Pero es durante la Revolución industrial cuando la importancia de la energía toma auge como motora del sistema productivo y, consiguientemente, de iniciativas asociativas en torno a esta.

Siglos XIX y principios del XX

Desde la segunda Revolución industrial (1850-1914) y subsiguiente años de la primera mitad del siglo XX, a fin de llevar la electrificación a núcleos aislados donde los estados no se hacían cargo, surgieron gran número de cooperativas.

En España, como cooperativas de electricidad, en general con fuerte componente de fuente hidroeléctrica, se estima que llegaron a existir unas 2.000 cooperativas, entre otras:

  • 1898 Cádiz. Cooperativa Gaditana de Gas S.A.
  • 1900 Granada. Cooperativa Eléctrica de Montillana.
  • 1901 La Coruña. Cooperativa Eléctrica Coruñesa.
  • 1903 Bilbao. Cooperativa Eléctrica.
  • 1908 Cádiz. Cooperativa Eléctrica de Alzola.
  • 1909 Madrid. Cooperativa Eléctrica de Madrid.
  • 1913 Cádiz. Cooperativa de Jerez de la Frontera.
  • 1920 Huelva. Cooperativa Eléctrica de Cortegana.
  • 1920·21 Barcelona. Cooperativa de Fluido Eléctrico de Barcelona.
  • 1921 Córdoba. Cooperativa Eléctrica de Belmez.
  • 1921 Huelva. Cooperativa Eléctrica Onubense.
  • 1922 Valencia. Cooperativa Valenciana de Electricidad.
  • 1923 Valencia. Cooperativa Popular Eléctrica.
  • 1924 Valencia. Cooperativa Eléctrica de Castellar
  • 1923-1973 Valencia. Cooperativa eléctrica de Meliana.
  • 1925 Málaga. Cooperativa Eléctrica San Lorenzo.

Fuente: Miriam-Hermi Zaar. Universitat de Barcelona.

Las cooperativas eléctricas, instituidas en su mayor parte con apoyo de los poderes locales, tenían como objetivo controlar el mercado local y abaratar las tarifas eléctricas. Para esto también solían hacer acuerdos que les permitían ampliar su expansión y, como consecuencia, disminuir el poder de los grandes grupos que controlaban la distribución de electricidad y el alumbrado público.

Luz y Fuerza

Iniciativas modernas

A partir de la tercera revolución industrial, se asienta sobre las emergentes tecnologías de la información y la comunicación, así como en las innovaciones que permiten el desarrollo de las energías renovables.

El caso danés

Vientos de cambio

Resulta destacable la gesta en Dinamarca desde los años 70, cuando las primeras comunidades energéticas establecieron sus propios proyectos de energía renovable.

Aquí tomaron auge las cooperativas eólicas, impulsadas por la crisis del petróleo de los años 70, contaron con el firme soporte de las políticas que aseguraron precios mínimos mediante FITs (Feed-in Tariffs) y ayudas iniciales de hasta el 40%; contándose a finales de los 90 más de 2000 cooperativas locales.

Pero no solo con fuente eólica, Dinamarca es referente mundial en cogeneración usando biogás como combustible. A principios de siglo XXI ya contaba con varias plantas de este tipo propiedad de comunidades energéticas integradas por proveedores de materia orgánica (ganaderos, agricultores, pescadores) y/o consumidores de energía.

Es el caso de la comunidad energética de Blåhøj, formada por granjeros que aportan estiércol, así como de otros gremios que proveen de residuos orgánicos de mataderos y de la industria pesquera y consumidores de energía para calefacción y agua caliente de uso sanitario.

El propósito de esta empresa cooperativa consiste en suministrar localmente calor producido de forma respetuosa con el medio ambiente a los consumidores de proximidad mediante red de distribución propia, así como la producción de electricidad para venta a la red eléctrica.

Comunidad biogás

Errekaleor, Euskadi

Cuando crear una Comunidad energética era sinónimo de antisistema

Sin embargo, pese a que sus vecinos fueron desalojados y desarragigados, la intervención urbanística año tras año no se hacía. Mientras, engordaba la burbuja inmobiliaria, con precios de alquiler prohibitivos especialmente para la juventud.

Es por ello que en septiembre de 2013 un grupo de jóvenes universitarios okupó uno de los edificios, que estaba degradándose mientras crecía el problema de la escasez de vivienda.

Con el suministro eléctrico cortado, la creciente comunidad de nuevos habitantes del barrio vaciado decidió autoabastecerse con energías renovables, obteniendo decidida muestra de solidaridad que permitió la adquisición de 70 kW de módulos fotovoltaicos para obtener la independencia energética.

Comunidad energética Errekaleor

Web Errekaleor
Fuente de imagen: Wikipedia

Generación Alfa

Asistimos a una nueva etapa, con iniciativas nativas digitales en plenitud, de mentalidad y medios pro-sociales que diseñan los nuevos espacios para una eficiente colaboración y transparencia descentralizada.

Grecia

Destaca el caso griego, que ha dado un importante impulso a la Economía Social y Solidaria a partir de 2011, desarrollando una regulación pionera de las comunidades energéticas, la Ley 4513/2018, de 22 de enero, sobre Comunidades Energéticas, con la que se regula por vez primera en Europa este modelo de organización, que en Grecia debe adoptar la forma jurídica de cooperativa, y con la que se pretende promover la innovación en el sector energético, luchar contra la pobreza energética y promover la energía sostenible

La ley griega define las comunidades energéticas como organización sin ánimo de lucro, con la excepción de comunidades energéticas pequeñas o medianas que operen solo con energías renovables. Dichas comunidades podrán repartir beneficios si cuentan con al menos 15 socios y si al menos el 51% de ellos son personas físicas. Al menos el 75% de los miembros debería de estar conectado a la comunidad energética.

Esta especialidad en cuanto a objetos y fines asimila las Comunidades Energéticas a la especial consideración de "empresa social" acreedora de medidas de fomento al igual que otras empresas sociales cooperativas también sometidas a la Ley 4399/2016.

Resulta curiosa la consideración de estas Cooperativas como parte de la economía social y solidaria, si bien doctrinalmente contradictorio la exigencia en cuanto a que deben revestir como forma jurídica la de cooperativa, a la vez que sometiendo la misma a un régimen jurídico extraño a la cooperativa.

Lo relevante es la toma de decisión concretando en una Ley que se avanza a las que se espera gesten el resto de los países de la UE inspiradas en las Directivas (UE) 2019/944 y 2018/2001, del Parlamento y del Consejo de 5 de junio de 2019. Esta voluntad de facilitar el paso a la acción convierte a Grecia en pionera de vanguardia en este tipo de asociación.