El Tratado de la Carta de la Energía: un golpe a la acción por el clima.

El Tratado supone un golpe a las medidas de acción climática. El TCE está obsoleto. Es difícil imaginar como una reforma podría arreglar un tratado tan defectuoso, creado para satisfacer las necesidades de la era de los combustibles fósiles.

El Tratado de la Carta de la Energía (TCE) es un inmenso obstáculo para lograr una acción rápida y eficaz frente a la crisis climática y ambiental. Este tratado poco conocido de la década de los 90, firmado por 53 países y la UE, otorga extensos derechos a las grandes corporaciones.

La industria de los combustibles fósiles lo usa para demandar a gobiernos y sabotear la transición energética. Por el bien de un planeta habitable, el TCE debería disolverse. Las compañías del sector de los combustibles fósiles usan estos derechos corporativos – como la posibilidad de demandar a gobiernos por el desarrollo de políticas públicas que afecten sus intereses económicos – para desafiar las medidas de acción climática y poder continuar generando beneficios a través de la quema de petróleo, carbón y gas.

La acción por el clima, la protección ambiental y las políticas para una transición justa nunca han sido más urgentes. Sin embargo, todavía no se reconoce ampliamente que el TCE dificulta la puesta en marcha de estas medidas, además de aumentar sus costes. Amigos de la Tierra Europa ha recopilado 10 motivos por los que el TCE constituye un tratado dañino y por los que la UE y sus Estados miembros deben abandonarlo de inmediato.

El Tratado de la Carta de la Energía supone un golpe a las medidas de acción climática. El TCE está obsoleto. Es difícil imaginar como una reforma podría arreglar un tratado tan defectuoso, creado para satisfacer las necesidades de la era de los combustibles fósiles. El proceso de reforma será un camino largo, insuficiente y complicado. Sin embargo, la necesidad de terminar con el uso de combustibles fósiles es inmediata. Comunidades de todo el mundo ya están sufriendo los impactos de un caos climático y una devastación ambiental sin precedentes.

No es momento de ser permisivos con un tratado que no hace nada para promover la transición energética, sino que reduce la capacidad de los gobiernos para tomar medidas de interés público valientes y urgentes. 278 organizaciones de la sociedad civil y sindicatos demandan que los gobiernos abandonen o rescindan de manera conjunta el Tratado.

Los activistas preocupados por la emergencia climática no pueden permitirse ignorar el TCE. Los gobiernos que se toman en serio la transición energética pagarán un alto precio si no lo abandonan de inmediato.

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