SueloSolar
26-1-2015
Carlos Mateu
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Catalunya necesita la participación activa del mundo rural para lograr un modelo energético sostenible.

El 3er Congreso Rural Smart Grids pone de manifiesto que el impulso de las redes inteligentes en el mundo rural requiere nuevos modelos de negocio descentralizados, con un usuario con más capacidad de decisión, y vinculados a la economía circular.


La organización ha hecho públicas esta semana las conclusiones del congreso que tuvo lugar en Barcelona en el marco del Smart City Expo & World Congress
 
Sin el ámbito rural no es posible el desarrollo de las smart cities y su apuesta por la sostenibilidad y la eficiencia en el uso de la energía y otros recursos (electricidad, comunicaciones, agua, gas, movilidad y alimentos). La transición hacia un nuevo modelo energético “implica un papel específico y protagonista del medio rural, papel que hay que saber integrar con la dinámica social y económica actual para convertirlo en una oportunidad”, afirma Pep Salas, coordinador del comité técnico del Congreso Rural Smart Grids. En este sentido, se tienen que aprovechar las sinergias con los adelantos de las smart cities y las oportunidades de negocio, empleo y desarrollo local que representa el smart rural. En el caso catalán, el impulso de las redes eléctricas inteligentes o rural smart grids es una apuesta por la soberanía y la resiliencia energética de nuestro país. “La urgencia de una transición energética (se produce), especialmente en Catalunya, por la debilidad que representa tener una factura de importación de combustibles fósiles anual tan alta”, indica Salas. Las energías renovables mejoran la competitividad, reducen costes, generan empleo y favorecen la resiliencia energética de un país como Catalunya, muy dependiente de las importaciones de energía, que cubren el 90% de las necesidades.

Para promover esta transición energética hace falta un pacto entre el mundo rural y el urbano, entre el smart rural y el smart city. Este pacto tiene que servir para enlazar el entorno rural, generador de energía, con el urbano, principal consumidor, de manera sostenible y atendiendo de forma equilibrada a los intereses de ambos ámbitos. La necesidad de este pacto y esta interacción rural-urbano es una de las principales conclusiones del 3r Congreso Rural Smart Grids, Smart rural & city: un concepto, dos realidades, que se celebró el pasado 19 de noviembre en el marco del Smart City Expo & World Congress, en el primer año de colaboración. Un congreso organizado por el Colegio Oficial de Ingenieros Agrónomos de Catalunya, Instituto Catalán de Energía, Localret y Fundación del Mundo Rural, que se ha convertido en un espacio de networking, conocimiento y debate alrededor de las rural smart grids.

Renovables, distribuidas y locales
La transición hacia la hegemonía de las renovables vuelve a poner en valor la generación local y distribuida de energía y de baja potencia (la energía solar, el viento, la biomasa o el potencial hidráulico) que, además de un cambio de tecnologías, permitirán formas de explotación y de gestión más descentralizadas y basadas en la cooperación. Se abren así, nuevas posibilidades de empoderamiento de la ciudadanía en relación a la energía y los recursos que piden nuevas soluciones tecnológicas y formas empresariales. El nuevo modelo energético implica una mayor distribución y participación social y territorial, un cambio de paradigma por el que hay más actores (generadores de energía y distribuidores y usuarios organizados) que favorecen que haya más competencia y promueven una mayor implicación activa de los consumidores.
Este cambio de modelo implica profundas transformaciones culturales, sociales y políticas lo que “tiene unos retos tecnológicos a partir de la confluencia de la energía y las telecomunicaciones, tiene también unas barreras no técnicas, como la aceptación social, los modelos de negocio y los aspectos legales y de regulación que son capitales para su implementación”, indica Salas. La perspectiva rural añade una nueva dimensión al concepto smart no sólo referida al consumo sino, también, a la obtención y la gestión de recursos. “Hay que tener presente que el nuevo sistema requiere la adaptación a los ritmos de la naturaleza y pide un regreso de las inversiones a mucho más largo plazo. A la vez también implica un cambio en la cultura del consumo donde el usuario tiene más responsabilidad”, afirma Verònica Kuchinow presidenta del Comité organizador del Rural Smart Grids. Se apuesta, además, por una filosofía de la economía circular que asegure la sostenibilidad del país. De hecho, las rural smart grids y el fomento de las renovables son la aplicación a la energía de esta concepción económica. La economía circular pretende reducir al mínimo el consumo y la producción de residuos pero, también, busca la conversión de estos últimos en recursos a partir de una gestión adecuada.

Un modelo adaptado a las necesidades del mundo rural
En el contexto de un cambio de modelo energético hacia la sostenibilidad, el entorno rural pide más innovación y diseños a medida, con tecnologías y herramientas flexibles que permitan gestionar la generación distribuida de energías renovables y el suministro seguro. Las características del territorio condicionan los modelos y las tecnologías a implementar, pero el acceso a la tecnología digital se tiene que garantizar en términos de calidad y coste equiparadas en las zonas urbanas. Por eso toman protagonismo modelos económicos más vinculados en el territorio a la hora de orientar las inversiones y las nuevas maneras de enfocar el negocio, más dirigidas al servicio y a aprovechar sinergias de forma colaborativa. Un ejemplo de esta nueva mentalidad es la estrategia de compartir infraestructuras, eléctricas o de comunicaciones, de forma que se favorece un mejor servicio a la ciudadanía y a las empresas del territorio.

Regulación y equiparación con el resto de Europa
Para equipararnos en Europa, en cuanto a desarrollo del nuevo modelo energético sostenible, basado en fuentes renovables, distribuido y en el que el consumidor tiene un papel activo, hay que promover una regulación legal y unas políticas públicas similares que nos sitúen en vanguardia del continente. A pesar de que vamos hacia una cierta liberalización del sector y hacia nuevos servicios, desde el Congreso Rural Smart Grids se apuesta porque el regulador establezca un marco adecuado que favorezca el desarrollo del sector de la generación de energías renovables distribuidas. “En Europa, los países más comprometidos con la descarbonización de la economía, como Dinamarca o Alemania, están haciendo los pasos adecuados. La regulación es un elemento fundamental por catalitzar la incorporación generalizada de las tecnologías smart grid”, afirma Salas. El objetivo es, como en los modelos de otros países europeos, garantizar que los beneficios lleguen realmente a los consumidores y que se aprovechen las nuevas posibilidades que se abren y que piden nuevos tipos de empresas y de modelos de negocio. Esta transición requiere mantener una visión global del sistema y de largo plazo; de forma que se involucre a los diferentes actores, se creen redes, espacios de colaboración público-privados, se experimente y se transfiera conocimientos a proyectos reales, aunque sea a nivel local a pequeña escala, que supongan romper con el modelo anterior.

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